Faro de punta Fangar. El deber y el placer



Faro de Punta Fangar. El deber y el auto cuidado




“Yo siempre he sabido cuál es la raya y no he sacado nunca los pies de la cama” me dijo Laura o el faro de Punta Fangar.  A veces ya no me acuerdo quien me dice qué…

Lo ves desde lejos. Su presencia se hace presente en la lejanía. Y a medida que te vas acercando, sientes que se aleja, despacio pero inexorablemente.


Así, en la mitad de la nada haciendo su trabajo. Claro el deber y la importancia de su trabajo.

Cuando por fin llegas a tocarlo te das cuenta que se parece al faro de Barbate pero que en medio de un mar de dunas y rodeado casi por completo de agua, impone.

Seguramente no es su intención pero no puedes escapar a su fuerza. A su silencioso testimonio. A su acompañada soledad asumida sin protestas inútiles.

Pero alguien cuida a este faro. Se le ve bruñido. Mimado: Cómo recién pintado. Como recién construido. Porque todo faro necesita farero. Una persona, hombre o mujer, una familia, un clan, que le cuide. Le nutra. Le proteja de las tempestades de la vida y la mar embravecida.

Siento que al faro de Punta Fangar alguien le cuida bien. Me dice Laura, “la Cherifa” para los amigos de la cuadrilla, que ella tiene buenos fareros.  pero yo siempre la noto aferrada a la obligación y poco al disfrute. Reticente a saltar la raya invisible del disfrute inocente. Será, que yo no soy como el faro del Fangar: espartano, entregado a su causa, si no meloso y disfruton cuando la vida me deja no lo acabo de entender del todo.

Y tú, farero o farera de luz,  que me acompañas en este viaje en busca de tu propia iluminación ¿Tienes farero? ¿Te sabes cuidar o sabes pedir que te cuiden cuándo te hace falta?

Reflexión: bien está saber dónde está la raya. Lo correcto. Lo que me enseñaron que era lo que tenía que hacer… pero esa buena gente que nos enseñó la importancia de hacer lo correcto ¿nos dijeron algo de la importancia de hacer, de vez en cuando, algo porque sí? Algo como  hacen los cachorros y los niños; con el único fin de disfrutar de la experiencia. De disfrutar de la vida porque sí: porque nos lo merecemos y nos hace más humanos y permisivos con los demás.

En esta época incierta debemos de cuidarnos los unos a los otros y cada cuál cuidarse cómo lo más importante que tiene a su cargo: Como el farero ha de cuidar su faro debemos aprender a pedir que nos cuiden si nos hace faltas y a cuidarnos a nosotros y nosotras mismas si queremos tener fuerza para alumbrar el camino.




Faro de Punta Fangar. Delta del Ebro. Tarragona.


Buscando la luz de mi propio faro siento que encontraré la de los demás.

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