Faro de Sorpresa
Aceptando lo inesperado
Cuanto nos cuesta aceptar que nos regalen. Y más cuando el regalo surge del deseo de dar sin esperar nada a cambio.
Hoy me toca hablar del faro 182. El que no estaba pero ahora, por sorpresa, aparece con toda su fuerza, con toda su luz marcando claramente el camino de la aceptación.
Idoia -ver el faro de Matxitxako, la complicidad- me ha pintado mi faro. El faro 182. El mío.
Lo miro y no me sorprende que sea cuadrado. Rodeado de vida y marcando un camino sinuoso lleno de misterio.
Está colocado en un sitio extraño, en la cocina de mi casa, justo, encima del mueble que me regaló mi hermana Maite. ¿Será casualidad? No lo sé pero, es allí, como el gato caprichoso, es el lugar que el mismo ha elegido, donde nota que se encuentra a gusto. A sus anchas. Ocupando un espacio que parece siempre le estuvo esperando.
Me gusta su luz, su fuerza, su honesta sinceridad en medio de las olas, con las luces internas y externas encendidas marcando el camino a los marinos de tierra y a los marinos de mar.
Me gusta pensar que tengo un faro y que no voy sin rumbo. Aunque sea sólo eso: pensar.
Reflexión: La vida nos sorprende una y otra vez. Como el faro, la vida repite su mensaje sin cejar en su empeño sabiendo que a los humanos nos cuesta entender. Pero creo, que ahora lo veo más claro: He de marcar el rumbo y dejarme llevar aceptando lo que llegue, entendiendo que si estoy abierto, ese es mi destino.
A todas esas personas que me han cuidado y me siguen cuidando sin pedir nada a cambio.
Faro 182, Iurreta -Bizkaia-.
Buscando la luz de mi propio faro siento que encontraré la de los demás.
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