Costa da Morte. Camiño dos Faros II. Faro de Laxe. Faro de Cabo Vilán -museo-

 


La esperanza

Esa fuerza que nace de dentro

Quien pudiera confiar tanto en si mismo/a como el faro para saber aferrarse tranquilamente a sus cimientos cuando más arrecia el temporal




Una mujer espera. Abrazado su hijo pequeño. Los demás están en casa.

Sólo ella y el faro. El viento sopla con fuerza, rola del norte y aún no se ve el mástil del barco. Su padre, sus hermanos, apenas un adolescente su hijo mayor, y su pareja han salido muy de madrugada. Aún el faro no se ha encendido. Hay tiempo... Las gaviotas revolotean a su alrededor. Ella observa. Confiada. Esperanzada.

Mi amigo y maestro Bharat, (ver Faro 2º, La Amistad y la Risa) me suele decir que me abandone al universo, que me entregue sin oponer resistencia, que sólo si te quedas quieto permitirás a la mariposa que se pose en tu hombro. Pero cuesta; me cuesta.


Me gustaría ser como la mujer del faro de Laxe. Ser capaz de poder mantener la esperanza de una vida mejor con una mano mientras que con la otra oteo el horizonte también llena de esperanza y anhelo de felicidad, sintiendo en las entrañas que ya están próximas a llegar.




Cada paso de esta ruta de más de 200 kilómetros me hace entender que el final está más cerca y que confíe, que me entregue al viento mientras miro al suelo concentrado en cada paso. Centrado en el aquí, mirando el futuro y confiando en lo aprendido en el pasado. Me cuesta. Lo mejor es buscar tu propio ritmo y en las subidas intentar que el paso sea pequeño -me recomiendan los más experimentados-. Luego, sólo es mantener el paso. ¿Servirá lo mismo para la vida? Me pregunto.

                           No siempre el que juga con las mejores cartas es quien gana la partida, 
                           decía el profesor Marina en un artículo que leí hace años.



Y, de repente, el faro de Cabo Vilán: el faro de la última puesta de sol. Impresiona.

Es el faro eléctrico más antiguo de España con sus 55 km de haz de luz y sus 125 metros de altura. 
172 hombres están enterrados a escasos kilómetros, en el Cementerio de los Ingleses, tras sufrir un devastador naufragio en 1890.

Reflexión: Hay que aceptar que en muchas ocasiones el peligro va de la mano del premio; que la vida es la otra cara de la muerte y que el amor va acompañado del desamor como el amanecer del ocaso. Que hemos de confiar, como el faro, entendiendo que iluminar y oscurecerse es parte sustancial de su función y que la una no puede ir sin la otra. O como leí en un restaurante de carretera en este viaje; "Que tu vida haya sido tan intensa que la muerte sea sólo una anécdota" 

A todas esas personas que confían mientras reman les deseo la mejor de las suertes.



Faro 13, Camariñas, A Coruña



Buscando la luz de mi propio faro siento que encontraré la de los demás.


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